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"El Negro" Raúl Soler
Ricardo Marmión
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PERFIL
ARTÍSTICO
Por
Nelson "Laco" Domínguez
GURUYENSE
UNA
VOZ SIN TIEMPO, CON LA MISTICA DE NOCHE CANYENGUE
Como
ocurre con los buenos vinos, el paso del tiempo realizó
un admirable añejamiento y su voz, lejos de perder
fuerza y matices, ganó en la densidad de la veteranía
con una coloratura de profundo hálito canyengue y
mística milonguera.
Caso muy especial, sin duda, el de Raúl Soler, un
criollazo nacido en los pagos trinitarios de Flores, que
vino al mundo el 7 de febrero de 1922 como Ricardo Marmión,
se crió en el montevideanísmo Barrio Reo "de
las casitas iguales", al que cantó como nadie
el maestro de maestros Carlos Gardel, y triunfó a
lo grande en ambas márgenes del Plata, incluso como
figura de atracción en la celebre "Orquestas
de las Estrellas", de Miguel Caló.
Temperamental, cultor de fino lirismo, amigo del amigo y
soñador empedernido en las madrugadas tangueras proclives
siempre al mano a mano con las nostalgias querendonas "El
Negro" Soler acredita una trayectoria artística
de siete décadas indeclinables por los senderos de
Latinoamérica sin olvidar nunca "la dimensión
universal del barrio", que mentaba uno de sus inolvidables
compañeros de la noche, "El Hombre Gris de la
Lunfardía", Julián Centeya.
Siempre fue así, desde adolescente, cuando empezó
a cantar con guitarras en algunos cafés de Reus al
Norte hasta recalar, con apenas 17 años, en "La
Hora Gaucha", de Nicolás Fernández, que
se emitía por las ondas de CX 42 y era un verdadero
semillero de nuevos valores, orientados por Luis Alberto
Martínez, maestro de payadores.
Corría por entonces 1939 y el negrito trinitario,
que aún se presentaba con su nombre real, fue llamado
casi de inmediato por Luis Altieri, excelente músico
compatriota que lo incorporó a su orquesta con la
que empezó a trillar la noche montevideana que por
entonces brillaba con luces propias, sin duplicado posible.
Fue en el palco del "Café Montevideo",
de la avenida 18 de Julio y Yaguarón, donde una noche
recibió para siempre su nombre artístico de
Raúl Soler como homenaje a uno de los más
firmes habitués de ese famoso reducto montevideano,
gran tanguero y propietario de una acreditada cadena de
tiendas que llevaban su apellido.
Su trilla con Altieri fue intensa y en una de esas jornadas
fue escuchado por un empresario del Teatro Maipo, de Buenos
Aires, Mario Fortunato, quien le ofreció viajar a
Buenos Aires para dialogar con Miguel Caló, que deseaba
incorporar un tercer cantor a su orquesta para que alternara
con los consagrados Raúl Berón y Raúl
Iriarte.
Así lo hizo y el resultado fue su incorporación,
en 1946, a la consagrada "Orquesta de las Estrellas"
que tuvo así, como otro rótulo de atracción,
a "los tres Raúles" en la parte vocal.
Epoca inolvidable, cuando en esa orquesta creada y dirigida
por Caló -una de las más grandes en la historia
del tango- tallaban, entre otros, músicos y compositores
notables como Osmar Maderna, Enrique Mario Francini, Armando
Pontier y Domingo Federico.
Con Calo permaneció cerca de dos años, realizó
giras triunfales por Chile, Perú y Brasil y en pleno
éxito tuvo que retornar a Montevideo por razones
familiares, aunque volvió a actuar con el gran maestro
en varias oportunidades e, incluso grabó dos temas:
"Cuartito Azul" y "Repiqueteando".
Poco después logró otro gran suceso al formar
rubro con Raúl Iriarte, siendo, acompañados
por una orquesta de doce prestigiosos músicos con
los que volvieron a recorrer América Latina en presentaciones
que están en el mejor de los recuerdos.
En Bueno Aires, en distintas épocas, actuó
además como solista, sobre todo en un nunca olvidado
ciclo en el famoso Café Marzotto y en los estudios
de radio El Mundo, acompañado por grandes guitarristas
argentinos.
De retorno finalmente en Montevideo, actuó con numerosos
orquestas entre las que cabe destacar la de Donato Racciatti,
con la que cumplió varias giras por ciudades argentinas
y brasileñas, Miguel Capotillo y su gran camarada,
Rogelio Coll, "Garabito, con la que estuvo 30 años,
hasta la muerte de aquél, e incluso siguió
con un conjunto símbolo junto a otros compañeros.
Locatario de todos los barrios montevideanos, pero con su
corazón repartido entre Reus al Norte, La Teja y
el Buceo, el negrito Soler es, además, compositor
y poeta de varios temas entre ellos dos de cálidas
reminiscencias: el tango "Noche de candombe" y
el vals "Metejón".
A la vuelta de un largo camino vital, donde el destino le
jugó muchas malas pasadas, Soler sigue sobreponiéndose
a los infortunios y prueba de ello es el nuevo trabajo discográfico
donde queda demostrado que el fuego interpretativo permanece
encendido con la misma calidad, fuerza interpretativa y
sensibilidad que fueron siempre sus facetas claves.
Su entereza pudo más que todo, ¡siempre!, sin
declinaciones, con el "gotán"en el alma
y la bohemia genuina, sin poses, bien del lado de la zurda.
Fallece
en el año 2008, a la edad de 86 años.
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